jueves, 4 de septiembre de 2008

Cromos

Mi amigo David Torrico se está conviertiendo en un famosillo (Hoy sale en El Pais, ¿quien nos dice que no acabe en Salsa Rosa?) Edito: al final sale hoy en El Pais y hace cosas de estrella como teñirse el pelo. Pero aun sigue guardando cosas de aquel chaval de barrio que tiraba bombas fetidas antes de bajar del autobus. Y por eso puedo decir con toda rotundidad que la vez que más emocionado le he visto, no ha sido ni tocando en la Galileo, ni contandome lo que es tomar mojito en una mansión de Brasil, no. Cuando más emocionado le he visto, fue añoche abriendo su tradicional paquete de Cromos. Cada año lo hace y cada año año le veo más emocionado. Será porque cada vez estamos más lejos de aquel Traspaso 17 de Derticia con pelo o de aquel maldito Fichaje 30 que me dejo sin completar la 94-95.

Eso me ha hecho pensar en los objetos de hace mil años que me siguen emocionando a pesar de que ya se les paso el arroz . Y me he dicho que mejor que ponerlos en el blog:

La camiseta de Hugo Sanchez: Esto es un secreto secretisimo. Yo fui de Real Madrid... y lo hice por una sencilla razón; jugaba Hugo Sanchez. Con seis años lo unico que quería conseguir en el resto de mi vida es que Michel sacara un de esos corners altos que caian en el punto de penalty y enganchar una chilena extratosferica que acabará en la escuadra. Y sobre todo levantarme del suelo y dar aquella voltereta junto al Corner.


La sudadera de D´artacan: Era una sudadera blanca con el dibujo del Mosqueperro en posición de ataque. Solo así ya habría sido genial, pero es que era mejor, mucho mejor. Cuando apagabas las luces, la nariz se iluminaba. Era una nariz fosforescente!!!!!! Nunca tuve un prenda que me gustará más. Lo que no recuerdo es cuando decidió mi madre que aquello sería perfecto para que se vistieran los niños de africa.

El puerto de primera especial: Navacerrada: En realidad era un Parking para coches de cuatro pisos, pero para nosostros que un coche de dos pulgadas bajara por sus rampas en forma de caracol no tenía gracia. Lo que sí que la tenía, era plantarte de dos tiros en el principio de la rampa, con la chapa de Cubino y luego dar un toque magistral para subir hasta la segunda planta y tener claro que salvo pajara, aquella tarde el maillot de la montaña era tuyo.

El mimosín del Mundial 90: Antes existía una bonita tradición que era regalarte cosas por la compra de cosas. Sin concurso, sin sms, sin nada. Solo le dabas la vuelta al tapón de coca-cola o mirabas en el palo de tu Patapalo y ya esta. Una de las veces, si enviabas no se cuantos codigos de barras a San Cugat del Llobregat (¿Por qué siempre era allí? Había una fabrica de regalos) te mandarían un Mimosín vestido como la Selección del Mundial 90. Recuerdo que mi hermano se encargo de recortar los codigos de barra y mandarlos, y que yo me moría de envidia. Así que cuando abrió el paquete y vi que había dos muñecos, uno para cada uno, no me lo podía creer. Todavía no sé si se confundieron en la fabrica o qué?

El libro de "El equipito de futbol": Yo de pequeño odiaba leer como la peste y mis padres no conseguian que cogiera un libro ni a la de tres. Entonces decidieron engañarme y comprarme un libro sobre futbol, para ver si así me enganchaba. !Maldito libro! Si no fuera por él ahora no me pasaría tardes enteras buscando por todas las librerías de Madrid, libros perdidos... Mi hermano a veces nos da por recordar y nos volvemos a contar las historias de aquel equipo de barrio, con los hermanos Rummenige y Beckenbauer, con sus tacticas absurdas para ganar partidos, con aquel portero tan "especial"


Mi coleccion de Tebeos: Ahora está de moda leer Comic y comprarse "Novelas graficas" por treinta euros, pero señores yo más humilde soy. Y para mí las mejores viñetas venían en aquellas revistillas con grapas, que costaban cinco duros. Por supuesto lo más parecido al Manga eran los malvados amarillos que intentabana acabar con la T.I.A, en el viaje de "Mortadelo y Filemon" a Seul 88. Y jamás me perdonaré no haber escrito aquella niña de Barcelona, que parecía echa para mí y que buscaba alguien con quien cartearse desde la primera pagina de "El Pequeño País"


Ay, cuanta melancolia. En fin que quiero acabar con una cosa que yo nunca tuve, pero que me hizo ilusión verla un día.

El cromo de Gordillo: Mi amigo David, betico de toda la vida, se lo encontró un día, no me digais cuando ni como, pero se lo encontró y flipo. Así que el día que el Ecija, el último equipo del Gordo, visito al Leganés recuerdo ver a David emocionado, subiendo al estadio y diciendo "Pase lo que pase, yo me bajo con el cromo firmado por Gordillo"

Está última historia está un poco nublosa, no recuerdo si se lo firmo o no, pero lo único que sí sé es que si David Torrico fuera Charles Foster Kane, no diría Rosebud antes de morir, si no un tenue "Gordilloooo...."

1 comentario:

BARA dijo...

jelou Corrales!
Qué bonito esto de los cromos. Yo también coleccionaba cromos, pero de películas de Disney, y me iba a cambiarlos al Pirulo del Retiro, o al Rastro, qué tiempos aquellos. Pero esto no es lo más añoro:
Yo aún recuerdo los lápices de tres colores en la misma mina que vendían mis abuelos en la tienda, eran la magia en tus manos...
O mis libros de Celia, que me leí seguidos en un mes (intenté leerlos de nuevo y no fui capaz).
Momo, mi compañera de vida desde los 7 años.
Mis zapatos de charol de Chabel. me los ponía y me creía una auténtica princesa.
Mi granja de Lego, que montaba y desmontaba sin parar.
Las cintas de canciones de series de la TV, Y el cassette de Pedro y el Lobo, de Prokófiev, que me emocionaba y asustaba a la vez.
Y lo mejor de todo, un coche de carreras que mi tío hizo de madera para mis hermanos, pero me cargué yo, porque ya era muy mayor para montar...

Todos deberíamos recordar más a menudo este tipo de "minucias", gracias Mc.Fly.

cuando quieras nos vemos un ratito, que tengo ganas, aunque primero tengo que olvidar algún mail extraño (mandame otra pista, no ato cabos)

un besito