jueves, 2 de abril de 2009

Los discos del Alcampo

Una vez un profesor, al que no tengo mucho apreció, vió un película sobre la mesa de mi compañero. Le pregunto que si la había visto, este le respondió que no. Y entonces cogió la pelicula entre sus manos y como si recordara algo de otro tiempo, solto: Voy a decirte lo mismo que mi dijo mi abuelo cuando me vio abrir la primera página de La isla del Tesoro: "Qué suerte tienes"

Y es que las primeras veces, culturalmente hablando, son imborrables. Uno las elige sin mucha lógica por las portada o por el nombre, y sin embargo esa elección casi por azar, tiene un peso brutal en todo lo que leamos/escuchemos/veamos en el resto de nuestras vidas. Aunque, ese reconocimiento, solo podemos darlo muchos años después, cuando nos encotramos casualmente con aquello que hace millones de años nos hizo disfrutar. Es entonces cuando entendemos el verdadero valor que tuvo en su momento.

En mi caso la razón fue tan casual como puede ser la de cualquier otro. Obedecía aun sencillo hecho: el dinero. Discos en Oferta, Mil pesetas. Y un estante, que en tiempos mejores sirvió para la ropa de saldo, lleno de CD´s sin colocación alguna ni sentido. Todo esto mientras señoras compraban a mi alrededor, costillas de cerdo o leche semidesnatada. Porque sobra decir que una oferta así, solo podía darse en un supermercado, en mi caso el Alcampo.

Bueno pues fue ahí, y no en una gran biblioteca o en una sala de conciertos escuchando a stravinsky. En ese Alcampo sucio y desgastado, donde los adolescentes robaban juegos para la gameboy, ahí fue donde empezo mi educación cultural. Me pasaba la tarde entera buzeando en aquel gran estante para encontrar el disco que verdaderamente valiera esas mil pesetas. Así descubrí que las cintas de Serrat que mi padre ponía una y otra vez en el coche, estaban bien, pero no le llegaban a la suela de los zapatos al "Pacto entre caballeros" que me hizo firmar Joaquin Sabina. Tambien aprendí que aunque no entendía ni papa de Inglés, estaba seguro que lo que decía Bob Dylan debía ser asombroso. Incluso me hice moderno y aprendí lo que era el Brit Pop.

Ya saben que uno nunca sabe donde puede surgir el amor, pero quien me iba a decir que yo me enamoria en un supermercado.

Por si alguien tiene curiosidad, la película que tenía mi compañero en la mesa era "Charada"